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HISTORIA DE LIMA PERU
   
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La ciudad de Lima, conocida también como "La Ciudad de los Reyes" fue fundada el 18 de enero de 1535, a orillas del río Rímac, por el conquistador Francisco Pizarro, debido a las magníficas condiciones estratégicas y geográficas. La palabra "Lima", proviene de Rímac vocablo quechua que significa "hablador".

Durante el Virreynato, entre los siglos XVI y XVII, Lima se convirtió en la ciudad más importante y poderosa de esta parte del continente, al ser centro de todas las actividades comerciales y culturales.


El 28 de julio de 1821, tras la decadencia del Virreinato, y luego de una serie de movimientos políticos y de emancipación, el general José de San Martín proclamó la independencia del Perú y se inició desde entonces la etapa Republicana.

La fundación española de Lima en 1535 no fue más que un dramático evento que truncó un prolongado desarrollo cultural de más de 7 milenios, con el arribo de recolectores y cazadores cuyos vestigios más conspicuos proceden de Ancón y el bajo Chillón al norte de Lima, destacando Chivateros, La Pampilla y Oquendo, así como de Tablada de Lurín, al sur de Lima. Tal vez hacia los 3000 a. de C. estos grupos optaron por un modo de vida aldeano que prescindió de la agricultura, pues la rica biomasa marina suministró los alimentos básicos. Fue en este contexto, que en el 2500 a. de C. se introdujo el cultivo de zapallos, frijoles, algodón y otras plantas recuperadas en Ancón, El Paraíso, Chilca, tecnología que mejoró la alimentación y la calidad de vida en la costa central. Tal parece que este suceso fue seguido por una generalizada importancia de las actividades religiosas y el surgimiento de jerarquías sociales, sustentadas por la arquitectura ceremonial, por ejemplo en El Paraíso, bajo Chillón. Luego del segundo milenio, al introducirse la alfarería, edificios con recinto circular hundido, e inmensos edificios en forma de herradura, esa complejidad social se consolidó al surgir especialistas en ritos y arte votivo. Restos de dichos edificios, sobre todo los segundos, fueron encontrados en los valles de Chancay, Chillón, Rímac y Lurín, pertenecientes a comunidades organizadas en torno a Jefaturas de orientación religiosa. En este contexo merece señalar que el templo de Huacoy, Carabayllo, se encuentra en la zona que fue morada del dios Con, una divinidad norteña que enojado con los hombres convirtió la costa en desierto. La ubicación de estos templos junto al cauce de los ríos parece hacer referencia a este dios.

Previo a la Era Cristiana Lima, la costa central fue escenario de cambios políticos, económicos y demográficos que se cristalizaron con la emergencia de la cultura Lima, con monumentales construcciones entre Chancay y Lurín. Esta cultura dedicada a la agricultura de regadío y la pesca, marcaría el surgimiento del Estado en la costa central cuyo centro principal estaría entre el Parque de Las Leyendas y el Campus sanmarquino; los valles de Chillón, Chancay y Lurín se disputan también ese privilegio. No olvidemos que debajo de los edificios del santuario de Pachacámac existe más de un edificio Lima, sugiriendo que su importancia religiosa se intensificó con los lima, quién sabe coincidiendo con la expulsión de Con por un dios llamado después Pachacamac. Hacia los 600 de nuestra era los Lima estrecharon sus vínculos con el emergente Estado expansivo Huari, vínculo que se conoce parcialmente a pesar de la existencia de evidentes componentes ayacuchanos en Pachacamac, Cajamarquilla, Ancón, entre otros.

Información copiosa y variada se dispone para los señoríos tardíos y la época Inca, perdurando hasta la fecha sus nombres, sus asentamientos principales y sus territorios- la antigua Malanga es hoy Maranga, el antiguo sulco es hoy Surco, etc. Da la impresión que el máximo crecimiento demográfico se produjo en estos tiempos, pues las cuencas baja y alta del Rímac, Chillón y Lurín estuvieron totalmente pobladas por señoríos, unos más poderosos que otros, que si bien mantenían lazos económicos también tuvieron conflictos, sea por el control de las aguas u otros recursos. Por ejemplo el señor de Canta denominaba río de Canta al alto Chillón, o el señor de Collique llamaba río Collique al bajo Chillón, pues ambos curacas sentían que el río les pertenecía por encontrarse en sus dominios. Estos curacazgos que alcanzaron un nivel de integración sociopolítica tipo Jefaturas Simples, fueron incorporados al Estado Inca por Túpac Yupanqui mediante negociaciones, acciones militares y controles directo e indirecto según el caso y las circunstancias. El oráculo de Ichmay fue anexado al Imperio mediante negociaciones que significaron no solamente ser parte de la religión cuzqueña, sino también su revitalización política. En cambio los Maranga y los Collique, para citar solo dos ejemplos, fueron reprimidos y escarmentados. La presencia Inca en la costa central significó también la drástica modificación de las relaciones sociedad-naturaleza, pues recursos, poblaciones y territorios se convirtieron en posesiones del Tawantinsuyo. Luego de la captura de Atahualpa en Cajamarca en noviembre de 1532, un destacamento al mando de Hernando Pizarro llegó al valle de Lima y a Pachacamac en busca del rescate que el Inca ofreció para lograr su libertad. Era enero del año de 1533

LIMA DEL SIGLO XIX



La ciudad de Lima no sufrió grandes modificaciones desde fines de la Colonia hasta la década del cincuenta. En sus construcciones sólo se habían añadido la plazuela, la calle y el portal del Teatro en 1845.

Las casas seguían siendo de adobe y podían tener hasta dos pisos. Las más importantes poseían un establo para los caballos y mulas, además de balcones de madera. Del zaguán se ingresaba al primer patio, que estaba rodeado por sus cuatro costados de habitaciones. En el segundo patio solía haber jardín o huerta que se comunicaba con la cocina y el corral. A su vez, existía un callejón que unía el primer patio con el segundo -traspatio-. En los techos estaba la azotea, que era el lugar de juego de los niños y servía también para tender la ropa.

Las calles más importantes de la ciudad eran las que desembocaran a la plaza de Armas, a la plaza de Santo Domingo, San Agustín, San Sebastián, San Francisco, San Pedro y la Inquisición. Las iglesias más importantes eran La Catedral, San Francisco, San Lázaro, los Descalzos, la Recoleta de San Diego, Santo Domingo, San Pedro, San Agustín y La Merced. Los conventos más importantes eran los de la Concepción, Santa Clara y Encarnación, así como los de las Capuchinas de Jesús María, Nazarenas y Trinitarias Descalzas. De las plazas, las más importantes eran la Plaza de Armas y la de la Inquisición.

Tal vez una de las pocas transformaciones importantes fue cuando en 1834 el gobierno firmó un contrato con Tomás Gil para la colocación de una cañería de fierro colado, desde la caja de Santo Tomás hasta la pila de la plaza de Armas, con capacidad para dar agua a todas las pilas de las calles por donde debía pasar. Esta cañería reemplazó a la anterior, construída de barro, y debía tener respiraderos en diferentes lugares, para poder regar las calles con facilidad.

Al decir de Basadre, durante estos primeros cincuenta años "la pobreza será la característica de la vida" y la ciudad no perderá su ambiente "colonial". Este ambiente "colonial" fue común en esta época en todas las ciudades latinoamericanas.

En cambio, ya en 1855 empezamos a encontrar una ciudad moderna que comienza a tener sus primeras construcciones en granito (la penitenciaría, por ejemplo, que fue una de las mejores y más adelantadas de su época). Se construye también la plaza del mercado en los terrenos del convento de La Concepción -sobre la calle de Presa-, la que fue considerada, en su momento, mejor incluso a la de Nueva York, teniendo capacidad para alrededor de 1000 "vivanderos".

El matadero, que tantos pedidos ocasionara para que sea sacado fuera de las murallas, fue construido también en 1855 por D. Pedro Conroy, en las cercanías a la portada de Monserrate. Su administración estuvo a cargo de la municipalidad.

En esta época también se inaugura el alumbrado público de gas. El presidente Castilla prendió fuego al primer farol de gas que se había instalado en el balcón de Palacio de Gobierno y provocó que el público asistente rompiera en vítores, que fueron incrementándose conforme se fueron prendiendo las demás luces de la plaza de Armas. En 1855 Lima contó con 500 luces de gas.

Al año siguiente -1856- se comienza a gozar del agua potable y con ella comenzaron a hacerse realidad las instalaciones de cañerías de fierro en las casas. Los que no tenías esas instalaciones podían acudir a las 17 pilas y 10 pilones públicos, o a las pilas que habían en los conventos, monasterios, hospitales y colegios. También podían comprar dos pipas con agua potable y pagar medio real por ellas.

Al decir de Basadre, Lima asume para este período las condiciones de vida propias del siglo XX: las tapadas, los gremios, mayorazgos, la esclavitud, pasarán a ser asunto del pasado.

Entre los aspectos que colaboraron a cambiar los tiempos, el ferrocarril de Lima-Callao (el primero en América del Sur), fue sin duda uno de los más importantes, pues imprimió otra dinámica a los tradicionales medio de transporte. También colaboraron para la consolidación de estos nuevos tiempos las normas que facilitaron la inmigración extranjera, los esfuerzos a favor de la industria nacional -utilización de máquinas a vapor-, los ingresos extraordinarios recibidos por la venta del guano, la presencia de los primeros bancos y financieras, etc.

Es en este contexto, de patente desarrollo material, cuando se establecen las medidas para evitar que las epidemias, como el cólera y la fiebre amarilla, se propaguen por el país, pues se instauraron y reorganizaron las Juntas de Sanidad, que fijaron las normas sobre las cuarentonas en las embarcaciones extranjeras.

En 1858 se establecen normas para cautelar la paz, el orden y aseo en la ciudad, así como la reglamentación de los carruajes. Estos debían tener las ruedas y los ejes con determinadas dimensiones, se reglamentó el peso que debían transportar, el número de bestias que servían para el tiro, etc. y se dividieron en carreteros, cocheros, balancineros y caleseros, los operarios que debían ser registrados en la municipalidad.

En 1866 entrará en vigencia un Reglamento de Policía Municipal que es, sin duda, un fiel reflejo documental de este período, pues establece las reglas sobre arquitectura, salubridad pública, comodidad y aseo, mercado, aguas, artesanos, jornaleros, sirvientes, toques de campana, funerales, policía de campo, etc.

Muchas de estas normas, al entrar en conflicto con las tradiciones, fueron motivo de duras quejas y rebeliones, encabezadas por las mujeres principales de la ciudad, así como por sacerdotes, algunos de los cuales llegaron incluso a manifestar su desacato explícito a las órdenes del gobierno, motivo por el cual no pocos fueron encarcelados hasta que el Arzobispo tuviese que solicitar su liberación.

A pesar de que para este segundo período Lima ya era una ciudad materialmente moderna, esto no fue óbice para que se sufriera momentos de evidente retroceso, como los sucesos y descontroles provocados por la turba en la rebelión de los hermanos Gutiérrez, donde se experimentó situaciones vividas durante la Colonia, cuando se quemaban a los condenados por la Inquisición. Aún a fines del siglo XIX y principios del XX los caballos, burros y mulas eran parte del paisaje urbano.

Entre las últimas medidas que se toman y que también reflejan la vida moderna en la ciudad está el derribo de las murallas de la ciudad, con el objeto de comenzar la urbanización de las zonas ubicadas entre Lima y Callao y entre Lima y Chorrillos. Se debe incluir también la construcción de la carretera Lima-Callao, la inauguración del puente nuevo sobre el Rímac y las medidas tomadas para aumentar su caudal, así como la construcción del barrio de La Victoria y, finalmente, la instalación de las cañerías de fierro para canalizar el desagüe de la ciudad.

Definitivamente, alrededor de 1870 la ciudad había sufrido grandes transformaciones. Lejos estaba el ambiente de pobreza de los primeros años republicanos. Estos cambios serán motivo del surgimiento de añoranzas hacia la "Lima colonial", perennizadas por Prince y luego por Gálvez

LIMA EN EL SIGLO XX



La ciudad de Lima en el siglo xx es aquella que experimentó transformaciones, muchas de ellas radicales, en todos los ordenes de su existencia, en cada periodo y en diversos momentos agitados de su historia social y política. Esas transformaciones son las que explican, con mayor fuerza que otras de siglos anteriores, su compleja y densa realidad actual tal como la vemos y la vivimos.

La Lima de los tiempos de la República Aristocrática (1885-1919), conserva casi en toda su plenitud los rasgos urbanos y arquitectónicos de la Colonia. Las realizaciones del siglo XIX probablemente no lograron constituirse en fenómenos urbanos que modificaran de manera sustantiva lo existente, aunque quizás modernizaron algunos de sus aspectos. Desde comienzos del siglo XX se pone en marcha un proceso de renovación urbana, se construyen nuevas avenidas como La Colmena, uno que otro barrio popular como La Victoria, se termina de construir el Puente Balta, el mismo que es inaugurado en 1918, se edifica el Palacio Arzobispal, etc. Desde 1910, más o menos, los limeños se pasaron los dias en los preparativos para la celebraciones del primer centenario de la Independencia. De otro lado, van estableciéndose de manera creciente los primeros centros fabriles, y se van formando la clase obrera y el movimiento obrero limeños. A partir de las luchas electorales de 1912, comienza a resquebrajarse la alianza entre las fracciones de la clase dominante que ejercían el control del poder político. En 1919, llegó a su final dicha alianza cuyo núcleo central era limeño. 1921 fue el año de las apoteósicas celebraciones del Centenario.

Lima durante el Oncenio de Leguía (1919-1930), se moderniza con relativa celeridad bajo el impulso del capital internacional, cuya penetración al país se consolida. La política de Leguía era favorable a esa tendencia de expansión del dominio capitalista internacional. Tiene lugar un mayor crecimiento de la vida fabril y se puede decir que en esos años culmina la primera etapa de formación de la clase obrera limeña. Bajo el impacto de la revolución mexicana y de la revolución rusa, se desarrollan los primeros movimientos democrático nacionales. Lima es una de las principales sedes de dichos movimientos. En octubre de 1929 se derrumbó la bolsa de New York y bajo su impacto de desencadenó la primera gran crisis de la economía capitalista internacional. Las dictaduras de América Latina se cayeron, y entre ellas la de Leguía en agosto de 1930. Sánchez Cerro, jefe militar del golpe de Estado, se trasladó de Arequipa a Lima e instaló su gobierno. Se inauguró una nueva etapa histórica. Lima y el Perú ingresaron a la dramática crisis de los años 30 y una de cuyas expresiones, sobre el piso de la crisis económica, fue la inestabilidad política. Los conflictos sociales y políticos se agudizaron como nunca en el transcurso de esos años. Los trabajadores y masas populares entraron a la arena política contando con un liderazgo de mentalidad moderna, con proyecto nacional y programa político.

Al término de la Segunda Guerra Mundial y de allí hasta mediados de los años 70, se desarrolla un nuevo ciclo expansión de la economía capitalista internacional. En ese contexto, la ciudad de Lima se transforma en múltiples aspectos. Es la principal sede del llamado “proceso de industrialización”. Intenta convertirse en la capital de la expansión industrial que era fundamentalmente costeña. En Lima, se multiplican los centros fabriles modernos en las ramas textil, metalúrgica, metalmecánica, químico-farmacéutica, de ensamblaje automotor, etc. Lima y Callao se unen por fábricas a lo largo de las avenidas Argentina, Colonial y Venezuela. Otras fábricas se instalan en la Carretera Central, Carretera Norte y en la Carretera a Ventanilla. En los 30-35 años siguientes al término de la Segunda Guerra Mundial, llegan a Lima oleadas incesantes de migrantes de la Sierra y provincias del Perú. Se trata no sólo de la presencia física de estos migrantes sino básicamente de la presencia, con ellos, de las más diversas culturas andinas. La ciudad de Lima se expandió sin limites, ocupando no sólo el valle sino también las tierras desérticas y las lomas. Aparecieron así las sucesivamente llamadas “barriadas”, “pueblos jóvenes”, “asentamientos humanos”. A mediados de los 70 estalló en los paises industrializados y altamente avanzados la segunda gran crisis de la economía capitalista, su impacto fue inmediato y devastador en los países del Tercer Mundo. A partir de entonces, la economía peruana y latinoamericana que parecía robusta y lozana, se deterioró crecientemente y se arrugó. Las apariencias de la industrialización en Lima se esfumaron, de cientos y miles de centros fabriles, apenas fueron quedando locales y plantas vacíos. Estos hechos y fenómenos constituyen los antecedentes inmediatos de la ciudad actual de Lima. Hoy vivimos en ella, con nuestras frustaciones y nuestras renovadas esperanzas.